El ex presidente y diputado Néstor Kirchner se recupera satisfactoriamente tras una operación de urgencia.

Apareció la primera biografía de Cristina K.

11-10-2004

Cristina Fernández de Kirchner es presentada como la mujer más poderosa del país en la primer biografía sobre ella publicada por Editorial Sudamericana y que acaba de aparecer.

El trabajo abarca de su infancia hasta su llegada al poder junto a su esposo, Néstor Kirchner, detallando en su camino sus estudios y militancia en La Plata, sus noviazgos, su encuentro con el hoy presidente de la Nación, su trayectoria política en Santa Cruz y su irrupción en la política nacional a través de su banca como senadora.

El libro escrito por José Angel Di Mauro reseña su irrupción en la política nacional, a partir de su presencia en la Convención Constituyente de 1994 y, sobre todo, a partir de su desembarco en el Congreso de la Nación en una banca del Senado.

Fue entonces cuando el presidente Carlos Menem la elegiría como una de las espadas dialécticas para defender su gestión, función que por cierto lejos estaría de cumplir. Por el contrario, Cristina Kirchner se despega de la administración nacional y termina siendo expulsada del bloque oficialista del Senado.

"Cristina K. La dama rebelde" detalla su enfrentamiento con Elisa Carrió en el marco de la Comisión Antilavado, su papel en la bicameral que investigó los atentados y, más atrás en el tiempo, su campaña en contra del acuerdo con Chile por los Hielos Continentales.

Di Mauro cuenta que la primera dama es una de las principales escribas de los discursos del presidente Kirchner y sin dudas su principal consejera dentro de un reducido círculo de colaboradores a los que el primer mandatario escucha. “El círculo K no es el Jockey Club, aunque muchos le adjudican a Cristina la autoridad de ponerle la bocha negra a quien a partir de entonces no ingresará más al mismo”, señala un pasaje de “Cristina K”.

Un día en la vida de la senadora Kirchner es descripto allí en detalle. El mismo se inicia bien temprano, cuando acompaña a su esposo en el desayuno y la lectura de diarios. “Ese momento es posiblemente aquel en el que más se potencia su influencia sobre el Presidente”, por cuanto ella se encarga de leérselos “interesadamente”. Luego de que Kirchner marcha a la Casa Rosada en helicóptero, ella hace su rutina diaria sobre la cinta; luego se dedica a caminar por la quinta, a leer, o a estudiar temas legislativos que deberá tratar en la Cámara alta.

“La mañana es totalmente de ella”, detalla el libro, que agrega que “al mediodía arranca con la actividad laboral; después de almorzar con el Presidente, puede que vaya al Senado -generalmente depende de que haya reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales-, o bien se queda trabajando en Olivos. Depende del día y la actividad que haya. Y al caer la tarde, generalmente va a la Casa de Gobierno”, donde tiene su propio despacho.

La relación con sus hijos merece un espacio destacado. Máximo y Florencia se llevan trece años y son bien distintos entre sí. El primero nació cuando el matrimonio llevaba dos años de casado y vivió la época de las necesidades. La nena, en cambio, nació cuando el padre ya era gobernador de Santa Cruz y su madre legisladora provincial.

De chica, Florencia estuvo la mayor parte de la semana alejada de la madre, que ocupaba su banca en el Congreso de la Nación. Cristina vivía en Buenos Aires con su hijo Máximo, sucesivo estudiante de periodismo y derecho, carreras que no concluyó. En la actualidad, las cosas se han revertido y mientras la hija habita con los padres en Olivos, el varón permanece en Santa Cruz, alejado de la gran ciudad y el poder central.

Según el libro, aunque Cristina asume la culpa por lo mucho que la actividad política la alejó de sus hijos, advierte que “si bien no les ha dado a sus hijos cantidad, sí les ha dado calidad de su tiempo. Fascinada con su propia lucha, Cristina no es absorbente con sus dos hijos. Está convencida de que hubiese sido peor encerrarse en su casa y convertirse en una frustrada. 'Mis hijos me admiran y quieren estar conmigo, así que deduzco que soy muy buena madre; en la época de la carreta podría haber sido peor, pero hoy estamos en contacto permanente', enfatiza”.

El libro destaca que la estética siempre fue una preocupación de Cristina Fernández -“me pinto como una puerta desde los 14 años”, ha confesado-. Tema que se ha potenciado o ha quedado más expuesto desde que se transformó en primera dama -o primera ciudadana, como prefiere que le digan-. El cambio inicial más visible fue en el peinado, al desaparecer su histórico flequillo. Pero “aparte del cabello, el cambio en el rostro y su figura fue a partir de entonces notable, y no faltó quien deslizara que algo se había hecho -se señala-. En realidad, lo que hizo fue bajar notablemente de peso. En rigor, siempre se cuidó, porque no le gusta estar gorda. Siempre fue delgada, pero ante la certeza de que los años traerían más kilos a su figura, se obsesionó por la gimnasia y la cinta. Trata de hacer aerobics todos los días y cinta tres veces por semana, rutina esta última que comparte con su marido desde hace años. Ya como primera dama, obsesionada y maravillada por los efectos de la gimnasia y la dieta, comenzó a someterse a sesiones de Pilates dos veces por semana”.

Los dos también hacen dieta. El no come carnes rojas, sólo pescado, pollo, muchas verduras y arroz integral. No le gustan los postres, cosa que sí representa un drama para Cristina -también muy afecta a los bombones- y toma algo de vino tinto en la cena, nada más (en los primeros días del gobierno, Cristina le bajó a su marido la dosis de café). Ella sólo bebe agua mineral “sin heladera”.

“Esa estricta dieta, acentuada a partir del acceso al poder, sumada al cambio de vida desde entonces obró milagros en su figura y es el causante del cambio, supuestamente sin necesidad de lifting. 'Lo que tiene es que está flaca, ¡si no come nada!', aclara su vocero, descartando la existencia de algún retoque. Corrió la voz que allá por el 2001, en vísperas de las elecciones legislativas, se hizo una 'refrescadita' en la cara, pero sus colaboradores también lo niegan. Ella misma no le cierra la puerta a una cirugía estética futura, pero aclara que le da miedo. Sin embargo, las fotografías permitieron demostrar la desaparición de algunas arrugas a la altura de los ojos; milagro adjudicado a botox, o algún tratamiento por el estilo. Lo que haya sido, si algo hubo, es y será secreto de Estado”.
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Gustavo Marconato

Recibió felicitaciones de sus pares del oficialismo y de la Casa Rosada por su tarea cumplida en la Comisión Bicameral de Acuerdos.

Raúl Pérez

Como consecuencia de su aptitud rebelde, el jefe de diputados del FpV bonaerense, sería desplazado de su cargo, suena para sucederlo un legislador más afín al kirchnerismo.

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